Intimidades de una cualquiera

jueves, 1 de junio de 2017

Ser o no ser, esa es la cuestión

Hay muchas cosas que últimamente tengo que me están haciendo ruido, que vengo tratando de acomodar en mi mente a modo de que vuelva la paz. Todo me irrita, aunque la verdad es que lo de afuera no es lo que origina mi irritabilidad, sino que son las cosas que están sucediendo dentro de mí las que hacen nacer el dragón malhumorado en mí.

Tengo 30 y pico de años, y por primera vez, en mucho tiempo, me estoy planteando en comenzar a “amigarme” con la posibilidad de que puedo quedarme soltera. Ojo, no lo estoy diciendo con el llanto desgarrado de Grecia Colmenares, ni como una víctima, pero tengo que ser “realista” de que encontrar a alguien que me cuadre por todos lados es bastante difícil. Puede ser que yo sea muy difícil, puede ser mi edad, puede ser la realidad que vivimos, pueden ser un montón de cosas, pero al final del día, todo se resume en algo: Está difícil.

La primera reacción que tuve al pensar en esto, es que es mi culpa. ¿Culpa de qué? Ah, no sé, pero seguro es mi culpa. Debo ser una católica devota no reconocida, ya que me gusta tanto la culpa.

Eso me llevó a ir un poco más atrás y darme cuenta que siempre es sencillo pensar que soy el problema, que algo malo tengo, o que hago las cosas mal, o cosas similares a estas, por que, ¿qué es fácil? Pensar mal de nosotras, porque el amor propio es una de las tareas en la cual, mas de una vez en la vida, metemos la pata terriblemente.

Este último tiempo estuve con alguien con el cual, las condiciones no estaban dadas para que estemos juntos, por ende, desde un principio, fue remar contra la corriente (primer signo de que algo no está bien). Las cosas podrían haber ido mejor, pero él debía tomar decisiones sobre su vida, para lo cual sentía mucho miedo de tomarlas, lo que originó que la situación sea insostenible y la cuerda se termine cortando (segundo signo). Sin embargo, me sentía culpable, de que esto no hubiese llegado a buen puerto y me encontré pensando en miles de opciones para poder arreglar lo que estaba sucediendo, cuando la respuesta a todos mis intentos eran una sola: “Si él quisiera, lo haría”. Y ahí, zas! Sentís el primer puñetazo en el pecho. ¿Acaso de no soy suficiente? ¿Qué tendré que hacer para que quiera? Y así, miles de preguntas se forman en esa parte del cerebro que no funciona muy bien, porque duele dejar ir a alguien que queres. Pero, poniendo todo sobre la mesa, la pregunta del millón es: ¿Realmente, está en vos hacer algo? Para contestarme eso, primero me pregunté que sentía, y la verdad es, que siento que hice mucho. Lo quise (mucho),  aguante sus circunstancias (mucho), hice tripas (mucho) corazón más de una vez , le dije todo lo que sentía (mucho) y estaba más que dispuesta a jugármela por él (mucho).

Entonces, ¿Tendría que hacer algo? Salvo que le consiga huevos, no, la verdad que no. Pero esto mismo, se linkea con el inicio del texto, porque al ver que esto no llegó a buen puerto, me empiezo a preguntar que tiene el destino preparado para mí. Me es muy difícil creer o conformarme con poco, por el solo hecho de no estar sola. También es verdad que siento “miedo” de este proceso de aceptar que tal vez, estar sola sea lo que el destino quiera para mí, y no deja encerrar cierta tristeza que eso sea lo que suceda. “Lo que sucede, conviene” y quiero creer en eso, de verdad que sí, aunque ahora me estaría costando un poquito hacerlo.

No me auto-condeno si me quedo soltera, aunque reconozcamos que es bastante difícil (no imposible) hacer las paces con eso. Tal vez, ahora comienza un nuevo viaje para mí, que es la aceptación y el siguiente disfrute que provee el aceptar.


Esto de madurar, a veces, es un dolor de ovarios.

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