Intimidades de una cualquiera

jueves, 23 de marzo de 2017

Stuck In the Middle With you



Supongamos que vengo un día, te ofrezco algo muy lindo, que te va a ser muy feliz, pero no te garantizo por cuanto tiempo, y al mismo tiempo te digo: “Cabe la posibilidad, de que esto, que ahora es muy lindo, te haga sufrir”. Seguramente, vos me vas a preguntar; en cuanto tiempo esto podría pasar, a lo que yo voy a responder: “No lo sé”.

Esto que te traigo, tan lindo, pero con una cierta amenaza atada en el paquete, te va a traer felicidad, te va a hacer sentir bien, y se va a sentir como una rica droga: Te va a elevar, te va hacer sentir bien, y te va “enganchar”: es decir, que vas a querer cada día un poquito mas para sentirte bien.

Lo aceptarías? Es bastante difícil asumir la responsabilidad, pero también pienso: ¿Qué garantías hay de que suceda lo uno o lo otro? ¿De qué depende? ¿Qué es lo mas inteligente de hacer?

Depende de la persona. De los sentimientos. De las ganas. De la vida misma. Estuve en una relación por 5 fucking años. Enamoradísimos (supuse), con planes a futuro (supuse), y me veía con él por los siglos de los siglos, amén. ¿Cómo él me iba a hacer sufrir? ¿De qué hablan? Sin embargo, esa persona que estuvo a mi lado durante 5 años, que me prometió el oro y el moro, me decepcionó terriblemente, y puedo asegurar, bien segura, que sufrí como una hija de puta... Nunca, en mis 30 y picos de años, sufrí tanto como aquella vez.
Así que realmente, todo aquello que comienza “bien”, “normal”, ¿es garantía de felicidad?

Tenía todas las buenas probabilidades a favor. ¿Qué podía salir mal? TODO puede salir mal. ¿Entonces, que alguien me diga por qué debería renunciar cuando una situación no se ajusta a lo que se considera “normal” (que palabra tan subjetiva)?

A la hora de exponer una idea, me gusta poner los hechos sobre la mesa: Ya hablamos de la persona con la que estoy ahora, y su situación (ya hice una mea culpa sobre esto, así que pueden ir a unos escritos más atrás para saber de qué hablo); bueno, él volvió de su viaje. Mientras estaba fuera, hablamos varias veces, y les juro, que cuando no hablaba con él, físicamente, y sin exagerar, sentía una especie de puntada sostenida en el pecho. Literalmente, me dolía su ausencia. Él no es muy demostrativo, sobre todo por mensaje (personalmente, nada que ver), pero realmente podía sentir su cariño, a lo lejos. El día anterior de volver a verlo, también, literalmente, no pude dormir: moría de ansiedad por abrazarlo. Cuando por fin lo hice, esa puntada se desvaneció. No podíamos parar de besarnos, tocarnos, abrazarnos,  mirarnos profunda y cursimente a los ojos. Siento que el siente cosas por mí, así como también sé que su silencio habla mas de lo que el quisiera... Pero quien tomar en serio esto, lo de la loca enganchada, lo de la adicta, ¿no?

Al fin pudimos estar solos; es otra cosa nuestro mundo: hay risas, hay (MUCHOS) besos, caricias, sexo, y también, charlas. Cuando estoy con él, me cuesta controlar mi verborragia, mis ganas de decirle todo lo que me pasa: le digo lo que siento (no todo), no tengo miedo, y en el fondo, debo reconocer que espero el milagro donde me diga: “¿Sabes qué? Te elijo a vos.” Porque si, puedo tener todo muy claro en la teoría, pero nunca dejo de soñar, aun cuando el ambiente se pone hostil.

Su pesimismo (¿o realismo?) viene a pincharme mi burbuja llena de amor. “No quiero que sufras” (como si fuera solo él quien decidiera sobre ese tema) Acaso, ¿esto no puede cambiar? Ni pensaba, allá cuando empezamos, que esto podía ser posible, tampoco pensaba que el me podía gustar... Hablamos de que esto no podía transformarse en algo serio, hablamos de muchas cosas, muchas prohibiciones, y acá nos ven: Con un te extraño en la punta de la lengua, con ausencias que duelen, con miradas que traspasan el alma, con besos eternos, y con el deseo de poder estar juntos, tranquilos para poder disfrutarnos como realmente queremos. Si, los dos queremos eso.

Se que su posibilidad de perder “todo” es factor muy importante en toda esta ecuación. “No sé si llegaste demasiado temprano, o demasiado tarde”. 5 años hace que estoy en su vida, solo que ahora me involucré en un sentido romántico, entonces, la pregunta para mí es: ¿Qué cambió ahora, que durante 5 años no le sucedía conmigo”.  Su hijo, es un factor más que importante, y no crean que a mí eso no me hace ruido... Pero, ¿acaso la felicidad no es esencial, acaso? Acá puede ser que esté siendo egoísta, en pensar que yo puedo darle toda la felicidad... pero siento que lo que hay entre nosotros, es más grande de lo que admitimos. También, reconozco que mi ansiedad me domina muchas veces, al punto de convertirme en una kamikaze, aunque la verdad es, que tan solo, yo quiero estar con él, experimentar todo esto que tengo ganas, sin prohibiciones, sin correr, sin escondernos, siendo tan solo nosotros.

Quiero eso.

No hay garantías. Podés, como el, tener todo estructurado, todo muy familia Ingalls, y puede venir, alguien como yo a romperte la estructura. Podes, creer que vas a ser muy feliz, que ya tenes todo solucionado, armado, y viene alguien como mi ex, y te rompe la estructura, o pensar que ya el tren del amor, la pasión, pasó para vos, y viene alguien como él que te hace replantearte todo y te hace volver a soñar.

Entonces, de nuevo a la pregunta del principio: ¿Realmente, a ciencia cierta, alguien puede decir, afirmarme, que esta historia termina con alguien sufriendo? ¿Acaso, en un mundo de variables, no puede suceder que esto termine de otra manera? Es más inteligente, correrte y dejar ir, lo que tal vez sea tu felicidad, por si las dudas... ¿Tu felicidad ante tu posibilidad de sufrir, no vale nada?

Me estoy preguntando esto desde que nos despedimos. Hace muy poquito que estamos, desde que empezamos, lo nuestro sigue cambiando y al parecer la forma de relacionarnos también, entonces, con que me quedo? Porque el al principio dijo muchas cosas, que hoy ya se desvanecieron: Es serio lo nuestro, hay sentimientos, y ambos queremos estar más tiempo juntos.

El no da paso. Que no de el paso ahora, teniendo tantas cosas en juego, ¿es un determinante, para que yo ni siquiera espere, deje mi felicidad de lado, y haga lo mas lógico? ¿Se supone que el amor es lógico? ¿Que una historia de amor siempre tiene que fluir fácil?

No sé si me estoy engañando, o que decisión voy a tomar el día de mañana. Solo sé lo siguiente: Quiero estar con él.


El tema es como: Si va a existir un precio, si va a ser posible, y lo mas importante: Si el querrá lo mismo.

martes, 14 de marzo de 2017

Las (pesadas?) Valijas emocionales

No me críe en un hogar común o normal; Soy hija de padres divorciados, de cuando el divorcio no era algo de todos los días en nuestra sociedad. Durante mucho tiempo, cuando era niña, renegaba de esta realidad, hasta que de adolescente, me di cuenta que la decisión que habían tomado mis viejos, era lo mejor que me podía haber pasado, ya que se llevaban como el upite, y realmente, no eran felices el uno con el otro.
Mi primera lección (aunque a veces me la olvido) es: “Si no sos feliz, mejor agarrar tus bártulos e irte a buscar un lugar donde si lo seas, que quedarse viviendo en la amargura total”
Tenía (tengo) adoración por mi viejo. Es verdad, que cuando somos niñas, desarrollamos una especie de amor de Elektra por nuestro papá: Es nuestro primer modelo de hombre, y queramos o no, sus cualidades y sus defectos de alguna manera se quedan pegados en nuestro inconsciente a la hora de buscar una pareja. Cuando empecé a pensar en todo esto, rememoré mis parejas y ¿saben qué? Todos tienen algo en mayor o menor medida como mi papá.

Lo que me daba pena, es que lo veía poco. Luego él se volvió a casar y ahí sentí que esa “maldita” se robaba a mi papá; encima que lo veía poco, ¿lo tenía que compartir con esa cualunque? Uf, mundo cruel.

Su nueva mujer resultó ser incompatible conmigo, sino super celosa; hasta de la hija (yo) de su marido. Lo quería solo para ella, y ahí, a mis jóvenes 10 años, aprendí de lo enfermo que pueden ser los celos,  cuanto pueden lastimar  y desgastar una pareja. A causa de las acciones de ella, terminé peleándome con mi padre.Sentí que él la elegía a ella por encima de mí. Primera vez, en mi vida, que sentí que elegían a otra en vez de a mí. Lo que no dimensioné, en ese entonces, es como ese sentimiento me iba a condicionar en mi vida adulta.
¿Acaso no era lo suficientemente buena? ¿Por qué mi papá la elegía a ella? ¿Qué tenía ella mejor que yo?

Mi vieja, tampoco ayudaba mucho. Como se peleaban seguido con mi viejo, siempre que podía le tiraba un poco de mierda para que yo me enojara más con él (esto, por mala suerte, es moneda corriente entre padres separados, lo cual es una real cagada, porque los hijos no deben ser envenenados en contra del otro padre, o usados como aliados en un divorcio. NUNCA)
Ella siempre fue una mujer con muchísimo carácter: Determinada, muy inteligente, pero con un pasado doloroso detrás, donde sus padres, tampoco la eligieron (al menos así lo vio ella). Era la mayor de 4 hermanos, única mujer, y mi abuela no estuvo a la altura de lo que mi mamá esperaba (siempre ponemos la vara muy alta cuando se trata de nuestros padres). Por ende, mi mamá creció con un rencor que ocultó muy en el fondo, contra su familia. A pesar de estar en el fondo, a través de los actos cotidianos de la vida como mamá, repetía algunas acciones con nosotras (tengo una hermana).

Admiraba a mi mamá, (¿cómo no vas a admirar a quien se abrió su camino en la vida, sola?) aunque no compartía su manera de ver las cosas: Ella pensaba que los hombres no valían mucho la pena, que siempre decepcionaban, y que mejor ser “yegua” con ellos, antes de que te caguen. Nunca estuve de acuerdo con todo esto, porque veía a mi papá, y no quería que NADIE, pero NADIE lo trate de esa manera, así como tampoco sentía que estaba bien hacerlo con cualquier ser humano.
Queramos o no, la manera en que nuestros padres se comportan en nuestra etapa de crecimiento nos afecta, nos marca, muchas veces, nos condiciona. Me di cuenta, que cuando empecé a relacionarme con chicos, en el fondo, tenía ese miedo de que me dejaran por otra persona desde el principio; ¿Si mi papá lo había hecho… Que me salvaba de que no me lo hiciesen de nuevo? ¡Imaginate el golpazo que fue, cuando me enteré que mi ex me estaba engañando con la compañera de trabajo! Volví a revivir todo ese dolor que sentí cuando era chiquita. Aunque fue ese dolor, que me hizo dar cuenta el miedo que yacía muy en el fondo. Todavía sigo trabajando en ese miedo, ya que muchas veces me doy cuenta que me condiciona cuando conozco a alguien, porque me cierro por miedo a que eso me vuelva a pasar. Es un trabajo constante que hay que hacer.

Por otro lado, mi mamá siempre tuvo expectativas muy altas para conmigo, casi imposibles. Al ver que yo seguía un camino muy diferente al que ella quería, que no me interesaba el dinero (pensaba que yo debería casarme con alguien que me mantuviera, o al menos me diera un pasar tranquilo), y que ENCIMA, yo, descarada del universo, creía en el AMOR, se frustró. Y cuando se frustró, no supo cómo manejarlo, entonces, comenzó a presionarme y hacerme sentir culpable por pensar de esa manera. Ahora entiendo, que solo estaba enojada (solo es un ser humano), porque los padres para nosotros (la mayoría, bah) quieren lo mejor, y cuando nos escapamos de su “control” les agarra el pánico y ya sabemos que el miedo, nunca es buen consejero.

Me independicé desde muy chica. Siempre me la rebusqué para salir adelante, y esa libertad adquirida antes de tiempo, me forjó de diferente manera.  Pasé muchísimas cosas sola, lo cual me hizo mucho más fuerte, y me dio una coraza para que el mundo no me pase por encima. Elegí bastante mal de chica mis relaciones, pero puedo decir,  con orgullo, que hubo hombres que me han amado mucho, y que hasta el día de hoy, me siguen amando, aunque la vida nos haya llevado por diferente camino. Ese tipo de relaciones que desarrollé (yo terminé esas relaciones, porque sentía el deseo de volar y seguir creciendo), hoy me hacen dar cuenta, que SI SOY suficientemente buena, aunque yo pensara que no, y que debo creerlo yo, antes que cualquiera, así como también que SI puedo inspirar amores que superen la barrera del tiempo. También tuve las malas: tipos malos, con los cuales me desgastaba por “salvarlos” para demostrarles que yo era “buena” y con los que terminé aprendiendo que si ocasiona sufrimiento, desgaste,  no vale la pena. Costó, pero creo que ya aprendí… en un 70% (ponele).

Todavía me cuesta sacudirme de esas cosas que se me fueron pegando cuando era chica. Todos venimos con mochilas pegadas a la espalda, y está bueno ser consciente de que nos limita para ser felices.
También me di cuenta, que la forma en que me críe, hoy me lleva a elegir cosas diferentes, o mejor dicho, a vivir cosas diferentes a lo que la sociedad establece. Muchas veces me encuentro diciendo esto:
“Tengo 30 y pico de años
No, no estoy casada.
No sé si quiero hijos
Si, me gusta mucho mi trabajo.
No, no tengo todo resuelto.
Si, disfruto de mi soltería.
Si, me muevo fuera de lo que la sociedad dicta.
Si, soy feliz.
No, no soy un bicho raro.”

No está mal vivir aquello que nos hace felices. ¿Por qué permitirías que te juzguen? ¿Qué extraños o conocidos, decidan que es lo que VOS necesitas para ser feliz? No, no. Es una decisión pura y exclusivamente tuya. A medida que vamos creciendo, nos vamos adaptando, sabemos que siempre estamos cambiando, porque lo más natural del mundo es cambiar, y tal vez, querer cosas que ayer no queríamos.
Nuestros padres pueden marcarnos, pero nosotros tenemos la gran fortaleza de modificar aquello que no nos hace bien. Llega un punto que ya es ridículo culparlos por lo malo que nos pasa. Podemos sacudirnos las viejas costumbres e iniciar nuevas, que sean completamente nuestras.

Empodérate. Viví. Hace tu felicidad. Trabaja en vos. Hace tus reglas. Disfrutá. Sé la mejor versión de vos que puedas ser. Deshace las valijas.  Si no lo haces vos… ¿Quien lo va hacer?

jueves, 2 de marzo de 2017

Desenlace?

Si hay algo que aprendí con esta historia, es que la vida tiene vueltas que pueden sorprendernos, aún cuando creemos que tenemos todo claro. Yo no sabía que podía sentir las cosas que siento por él. Jamás me lo imaginé, ni siquiera me hice la idea durante los 5 años que trabajamos uno al lado del otro.
Me sorprendí al ver lo cómoda que me sentía a su lado, lo mucho que me gustaba a pesar de no ser el tipo de hombre que llama mi atención. Tiene algo que me atrapa, que me atrae, que me dan ganas de estar con él sin interrupciones.

Como dije antes, si bien estaba completamente embobada con él, sabía, en algún punto que esta historia se podía truncar en cualquier momento. Teniendo en cuenta eso, me propuse disfrutarla hasta su inminente viaje, y dejar que el tiempo que íbamos a estar separados, el cual va a ser mucho, se encargue de borrar todos estos sentimientos que tenemos el uno por el otro, y que nuestra historia pase a ser un recuerdo.

Sin embargo, estos días, me encontré anhelando que el viaje no afecte en nada la historia, sino que haga, mediante la ausencia, un deseo mas fuerte de estar el uno con el otro. Al parecer, el deseo llegó tarde, y siento que maldecí un poco nuestra relación al desear por tanto tiempo, lo primero.

El viernes nos encontramos como lo habíamos planeado. Ambos estábamos muy ansiosos y con muchas ganas de tener ese encuentro, ya que nuestra piel pedía a casi gritos poder estar juntos, sentirnos y tener unas horas solo para nosotros. Lo primero que hicimos fue bañarnos juntos: tocarnos, sentirnos, reirnos, disfrutarnos. Luego dimos paso al deseo, y en un momento, nos quedamos abrazados, acariciándonos, y lo escuché decir: “Quiero quedarme así todo el día, podría quedarme así, siempre” Lo mismo que quería él, quería yo. Nos disfrutamos, nos besamos, dimos paso al deseo varias veces. Nos miramos profundamente a los ojos, nos besamos con una intensidad tal que parecía que nos íbamos a fundir el uno con el otro. Estabamos ahí, presentes, disfrutando, hasta que en un momento, empezamos hablar y a desnudar el alma.
Ambos reconocimos nuestros sentimientos, y él, por mala suerte, nuevamente me dijo sobre su situación, la complicación, los grandes problemas que podría acarrear blanquear lo nuestro. Ahí, me di cuenta que su miedo era mucho mas fuerte que lo que había entre nosotros. Nosotros significábamos un salto al vacío, para él, perder todo lo que había construido estos años, tal vez, perder hasta su propia hija. Para un hombre que está acostumbrado a desarrollar su vida en cuadrados, pedirle que se la juegue es lo mismo que un imposible.
Una gran angustia comenzó a formarse en mi estómago, y las lágrimas se me acumularon en los ojos; No quería llorar, pero sentía como dentro mío, el inminente adiós me estaba quebrando toda.

“Qué alternativa nos queda?” me dijo. La alternativa que nos quedaba, era muy obvia: la deseada no estaba en discusión, entonces solo nos quedaba terminar. El no lo decía, así que lo dije yo, y en el momento en que salió de mi boca, sentí que algo me estallaba dentro, y de golpe sentí angustia y dolor. Lo bese con la mayor devoción que pude, para quedarme con el recuerdo de sus besos, lo acaricie como regalándole todos mis sentimientos por él, le dije que lo quería y que disfruté mucho el poco tiempo que estuvimos.
Cuando comenzó a cambiarse, le dije que se fije que no se le haya quedado pegado algun envoltorio, y me contestó: “- Vos te me quedaste pegada”. Lo dijo casi sin pensarlo, y lo vi meditabundo, mirando al piso, pensando en vaya a saber qué.
No quería llorar frente a él, pero me costaba tanto mantenerme centrada. Me pidió que por favor no llores, y yo solo pensaba en que carajos el pensaba que me estaba pidiendo eso.

Nos abrazamos fuerte, tan fuerte que pensé que nos ibamos a fundir en ese abrazo. En un momento, en voz alta me pregunté: “Cómo vamos hacer los días que quedan... bueno, son tan solo 3 días antes de tu viaje” Y vi como mi razonamiento lo molestó. No se bien que fue lo que le molestó, pero decidí no preguntar.

Nos besamos, me acarició, y se fue. Apenas cerré la puerta, me deshice en llanto, y lloré tan fuerte, con tanto sentimiento, que me terminó doliendo la cabeza. Me pareció todo tan injusto: Tanto tiempo sin sentir estas cosas hermosas, sin conocer a alguien que pusiera mi vida al revés, y cuando lo hago, es un problema, casi un imposible. Ahí estaba, con tanto para darle, y sin poder hacerlo, que me terminé sintiendo vacía. Lloré y lloré por horas, dejando que el dolor viaje a través de las lágrimas, esperando poder sacarlo de mi sistema, pero no fue suficiente. Es mucho lo que siento por él, así que va a tardar en salirse por completo.

Empecé a escribir todo esto, como una forma de depurar, y mientras lo hice, y lo hago, sigo llorando. Maldiciendo que sea tan complicado, que nos hayamos encontrado tarde, y detestando que no tenga la valentía suficiente para jugarse.

Lo estaba eligiendo. Me di cuenta hace un tiempo, que lo estaba eligiendo. Sé que fue una decisión que había que tomar, pero no la festejo, porque dejé ir a quien me estaba haciendo feliz. Aún cuando se que fue la mejor decisión, es muy difícil entenderlo, cuando lo único que quiero es estar a su lado.
El tiempo pasa, todo lo sana, y el sufrimiento mengua. Pero decime vida, que es lo que querés de mi? Cuantas mas cosas tengo que pasar hasta que me des la chance? Esto, ahora, me parece mucho.
Le dije todo, le demostre todo, lo quise mucho, me brindé toda. Sin arrepentimientos y con todo el corazón, me entregué.

Actualización: "Te extrañé" comenzó diciendome, 5 días separados, nos pareció eternos. Comenzamos a charlar, y nos dimos cuenta, que ambos somos la felicidad del otro, que nos queremos en nuestras vidas, y que lo hay entre nosotros es mas fuerte de lo que pensábamos.
- "Cuál es la alternativa?"
- " No lo sé. Sinceramente, no lo sé. Se que no podemos planear nada, y que todos los días sucede algo nuevo. Hay dos alternativas fijas, y el resto son todas variables de esas dos fijas. Creo que pronto la alternativa se va hacer visible, mientras, yo solo sé que te quiero. Lo importante, ya lo tenemos"
- Escribí nuestra historia. Mejor dicho, parte de ella.
- Tenemos una historia muy linda... y eso que todavía no está todo dicho.

Un final abierto? Tal vez... Si el amor es verdadero... El amor triunfa? Habrá que ver cuanto hay de realidad, y cuanto de mito. Habrá que ver.

martes, 28 de febrero de 2017

Nudo (II parte)

Si lo pensaba, hubiese creído que estaba imaginando cosas. Si alguien me lo contaba, lo mas seguro es que me hubiese reído. La cuestión es que nunca pensé sentir semejante atracción, tanta química, con alguien que se alejaba kilómetros de lo que es mi tipo de hombre... Si es que tengo uno. Jamás estuve con alguien como él, y en todos los años que conozco, como dije anteriormente, nunca pensé en él de manera sexual o amorosa. 

Nuestros encuentros empezaron siendo, mas que nada, con tintes sexuales. Recuerdo sus palabras el primer día que nos encontramos para tener sexo, casi a modo de escudo inviolable a prueba de titanes: “ Vos sabés mi situación, y no te puedo prometer nada, mas que esto. No podemos tomarlo en serio. Es lo que es” Y mientras lo decía, la mano le temblaba terriblemente. Estábamos sentados uno bien lejos del otro, mirándonos intensamente, los dos nerviosos, el temblando, yo pensando a una velocidad que pensé que me iba a fritar el cerebro.

Entendí lo que él me decía, y dentro de mi cancherismo, pensé que la aclaración estaba de mas. “No sé porque aclara, si yo no quiero nada mas”, pensé. En un momento, el se acercó, y comenzamos a besarnos, y es así como la urgencia se apoderó de nosotros. Estuvimos juntos, y no recuerdo haber tenido un encuentro sexual tan explosivo como ese. Todo era intenso, perfecto, con fuegos artificiales. Nos besábamos perfecto, sus caricias me erizaban todas las células del cuerpo y era tanta, pero tanta la atracción, que simplemente, cuando terminábamos, teníamos que volver a empezar.

Luego de eso, nos bañamos juntos. La ducha es un momento de gran intimidad, y no se comparte con cualquiera, con él sin embargo, me quería quedar horas. Nos acariciábamos, nos besábamos, el me lavó la cabeza de una manera tan dulce, que creo que jamás mi cabello quedó mejor. Así fuimos estableciendo un lazo, y a lo largo de nuestros encuentros, la intimidad se hacía cada vez mas fuerte, mas profunda, mas “peligrosa”

Se nos hacía cada vez mas difícil disimular nuestra atracción mutua. Nos comíamos con la mirada, planeábamos encuentros tan solo para poder darnos un beso. Chateabamos casi todo el día, haciendo nuestras conversaciones cada vez mas profundas, y cuando me quise dar cuenta, los sentimientos habían nacido, tanto de su lado, como del mío.

Si bien la pasión seguía existiendo, la misma comenzó a mezclarse con ternura y complicidad. Me llevó a mostrar mi lado mas vulnerable, a mostrarle a él lo bien que me hacía sentir, y trataba de devolverle todo ese bienestar mimándolo, preocupándome por él, y todas esas cosas lindas que nos nace cuando el querer empieza aparecer. Mi voz se suavizaba cuando hablaba con él, su mirada intensa me daba timidez y sentía que me ruborizaba cada vez que él me miraba. Y ni hablemos de la vergüenza casi infantil que me nacía a la hora de expresarle cosas que sentía. Ojo, expresaba superficialmente; porque aquello que me hacía cosquillas en el pecho, y me elevaba la temperatura corporal, lo mantenía para mis adentros, tan solo por tener miedo a expresarlo, ya que no sabía o mejor dicho, no quería ir mas allá.

De golpe, me di cuenta que lo extrañaba cuando no estaba con él. Me vi forzando tiempos para poder estar aunque sea un rato mas con él, o poder charlar con tranquilidad. Nos veíamos un rato antes de entrar a trabajar para tan solo tener un momento para nosotros, y sacábamos tareas en conjunto inexistentes para estar un poco mas cerca. Hasta cuando caminábamos, al no poder tomarnos de la mano, nos rozábamos los brazos, para al menos así, estar un poco mas cerca.

Complemente imperfecta, con magia y única. No sé si alguno de los dos estaba preparado para todo esto que nos pasó. Los dos nos dejamos llevar. Si bien, una sabe (y por dios, como lo repiten los de afuera) que el final puede ser malo, también sabemos que no todos los finales están escritos de manera determinante. Así como la relación me sorprendió, también podría sorprenderme el final. Así que si, en el fondo guardaba una cierta esperanza de que esto pudiese ser diferente, y que íbamos a poder brindarnos en algún momento todo lo que sentíamos con total libertad.

Elegí creer. Toda la situación me generaba ganas de creer, la forma en que me sentía desde que empecé a estar con él me daban ganas de creer. Verme tan... sentimiento, me inspiraba a creer. Recibí miles de palabras de desaliento, que entiendo que en su momento venían con la intención de protegerme, pero hasta cierto punto, lo sentía tan frío a esos consejos, y sentía que no estaban viendo todo lo que me inspiraba y como me ponía desde que estuve la primera vez con él. Mi parte lógica insistía en ver mas allá y me hacía dar cuenta que iba a llegar un momento en que se iba a convertir en algo insostenible, pero aún así, guardaba, lejos de cualquier escepticismo o comentario negativo, el sueño de que la historia podría darse vuelta.

Comencé a imaginar viajes a su lado, a paisajes hermosos, donde pudiésemos estar solos, tranquilos, compartiendo, siendo nosotros. Así fue como me di cuenta lo enamorada que estaba de él. Trataba de mantener la cabeza fría, aunque la verdad era que ya era tarde: estaba entregada. Dejé de ver el peligro:  me aventuré a vivir todo lo que sentía, a disfrutarlo, y lo dejé crecer, quise dejarlo crecer.

Recuerdo cuando me dijo: - Pienso todo el día en vos. Te extraño, y a veces el extrañarte, me genera angustia. Es complejo que nos estemos extrañando. Sos muy linda, sabías? Tenes el enorme potencial de estallarme la cabeza.
Me hablaba y me acariciaba. Llenaba de besos toda mi cara. Me besaba y sonreía. Me abrazaba fuerte y me besaba la frente.
Así como yo era, para él era perfecta, y me lo demostraba. Era tanto lo que recibía de su parte, que me dejé envolver, y deseaba, uf, como lo deseaba, sentir eso todo el tiempo.

Estábamos desnudando el alma, estábamos siendo muy íntimos. Ya había, de alguna manera, pleaneado nuestro final, pero ante todo esto, guardaba la esperanza de que ese final se disolviera y que nosotros pudiésemos vivir nuestra historia, lo que teníamos ganas de brindarnos.

La cabeza, se había desconectado del corazón.


domingo, 26 de febrero de 2017

Primera parte: Introducción

Toda historia cuenta con tres partes: Una introducción, un nudo y un desenlace. Cuando algo triste o movilizador me pasa, me es necesario volcarlo por escrito, contar la historia; es una forma de amigarme con lo que pasó, y poder sacar afuera todo lo que me está revolucionando dentro. Lo que me pasó con C, no es la excepción. De a poco me voy depurando, y si bien, sé que las historias también están vivas y pueden mutar, así que vamos a dejarle un final abierto... porque una nunca sabe lo que puede suceder.

Esta es la primera parte, la introducción:

- Por qué me besaste? Tanto tiempo de conocernos, por qué en ese momento y no antes?
- Porque había “algo”.
- “algo”?
- Si, “algo”. Viste cuando no podes describir qué es, pero está ahí? Bueno, siempre estuvo ahí, solo que esa noche me animé. Estabas ahí, yo también, y la excusa fue el papel film. 

Algo tan común, tan sencillo: papel film. Nunca recuerdo como fue la charla, ni tampoco recuerdo como nos terminamos besando. Ahora descubro, que cuando el fue a la cocina conmigo, era su intención besarme. Violó hasta sus reglas mas arraigadas con ese beso; en ese momento, no importó. Jamás lo vi con intenciones amorosas, ni siquiera sexuales; sin embargo, cuando me besó, sentí un estallido dentro, que me sorprendió y de repente quise quedarme pegada a sus labios.

Luego se arrepintió. Un mediodía, nos juntamos en un bar cerca de nuestro trabajo, y charlamos sobre lo que había pasado, la tensión reinante, y por sobre todas las cosas, charlamos sobre todas las dificultades que existían para que lo nuestro pueda ser real. - “Te quiero, y me importas, no quiero lastimarte o verte sufrir” dijo. Yo, todavía, estaba tratando de entender lo que me pasaba con él: “de donde salió todo este sentimiento? El no es ni ahí mi tipo de hombre, qué me pasa con él?” Mientras todos estos pensamientos chocaban dentro de mi cabeza, una cierta tristeza me invadía, aunque me daba cuenta que lo que decía, era la verdad: No podíamos estar juntos. No era nuestro tiempo, no había chance, iba a ser un completo desastre. Fin del tema.

Ambos de acuerdo, salimos del bar con la cabeza gacha. Nos abrazamos (un fuerte abrazo, con suspiro) y nos despedimos. Por la tarde, yo tenía que subirme al avión. Desde aeroparque le escribí algunas cosas (no quería quedarme con nada dentro), y nos volvimos a despedir. Era mejor dejarlo así. 

Subí al avión pensando en si me estaba perdiendo de algo lindo, pero decidí dejarlo atrás y concentrarme en lo que tenía delante.

En el viaje me hice a la idea de que aquello, ese no sé qué, que surgió (yo pensaba) de manera accidental, iba a quedar en el recuerdo como “Lo que pudo haber sido, y no fue”: con muchos interrogantes, suposiciones, y sin nada que pueda decirme que podría haber pasado si nos dábamos la chance.

El día que volví, estaba nerviosa de volver a nuestro lugar de trabajo: de verlo, mas que nada. ¿Qué le iba a decir? ¿Cómo volver hablar comunmente, cuando tantas cosas interiores, al menos de mi parte, habían pasado? Me armé de coraje, e ingresé a las oficinas. La primera persona que vi, fue a él. Su rostro se cubrió de una gran sonrisa, y abrió sus brazos: estaba contento de verme. Luego me confesó que no me esperaba ese día, que se estaba preparando para verme días después, pero que para él fue una grata sorpresa verme pasar la puerta, y ahí me di cuenta, que nada de lo que me había dicho antes de mi viaje, seguía existiendo.

Nuevamente, empezó el coqueteo: charlas, miradas cargadas de intenciones, gestos cómplices. Todo comenzó a engancharme, a engancharnos, y una mañana, el me fue a buscar a la salida del subte. Lo vi muy nervioso, miraba el suelo, casi ni me miraba y me pregunté: ¿Para qué?. Sin embargo, antes de lanzar semejante pregunta, comencé hablar de cosas banales, para lograr despejar un poco la situación, y mis nervios también, ya que enfrente tenía a alguien que después de mucho tiempo, me estaba provocando cosas, de las cuales no sabía de que se trataban o bien que quería yo con él... Sabía solo que quería tenerlo cerca. En algún momento, desde el día que me fui, hasta esa mañana, mi necesidad de estar cerca de él, se hizo presente. 

- Por qué estas tan nervioso? Solo estamos charlando.
- Esto, para mí, es traición. Me pone nervioso. Tengo mi situación, y no es algo que pueda resolverse mágicamente. Lo pierdo todo, TODO. Es muy difícil.

Ahí me di cuenta que estuvo pensando en lo que había sucedido, y que lo había llevado mas allá: pensó posibles escenarios, se dio cuenta de la imposibilidad de todo, y sin embargo, ahí estaba, caminando conmigo, tratando de convencerse de que estaba muy mal. Un gran error. Su acción me hizo dar cuenta de algo: su mente le estaba diciendo algo, que el resto de su ser no estaba tomando en cuenta.

Comencé a decirle que yo no sabía que era esto. No le estaba pidiendo nada, no sé que hacíamos ahí, ni siquiera sabía en qué momento esto había nacido, menos que menos, sabía adonde iba a ir. Sinceramente, hoy en día me doy cuenta, que pensaba en que era tan solo una aventura, y que iba a morir ahí. 

Nunca me imaginé, con una mano en el corazón, lo que venía a continuación, y el tampoco. Completamente ignorantes de lo que sucedía nos lanzamos a un juego que rápidamente, se nos fue de las manos.

viernes, 24 de febrero de 2017

El (No quiero decirte) Adiós.

-         Fijate que no se te haya quedado nada pegado...
-         Vos te me quedaste pegada.

Ahí algo se rompió. Algo que no se ve, pero que yo sentí que se rompió, y el también lo sintió... pero por parte suya. Hoy rompí con él. No fue planeado, no fue querido, fue lo conveniente. Si. Lo conveniente. Así de frío, así de injusto, así de certero.
Lo nuestro empezó como una aventura, pero en algún momento de todo esto, los sentimientos vinieron a meter la cola.

Sabía de su situación, nunca fui una engañada de eso; tal vez suponía que no iba a ser tan fuerte, tal vez me creí a salvo, o no sé... Sinceramente, no sé que creí. Si te puedo contar lo que sentí, porque eso lo tengo mas que claro: Sentí unas ganas tremendas de besarlo todo el tiempo; me reí con él hasta que me dolieron los cachetes; charlé con él de todo, de todos, sobre él, sobre mi; aprendí sobre su mundo, y me encantó ser parte de él. Me encantó acurrucarme en sus brazos, compartir duchas interminables llenas de mimos y de risas, sentí muchos sentimientos creciendo dentro mío, y sentí como me “comía” su mirada cada vez que nos cruzábamos. Me hizo cosquillas en el alma con todas las hermosas cosas que me dijo: “Tenes el potencial de quemarme la cabeza” “Sabias que sos muy linda” “Pienso en vos todo el tiempo: hasta el tiempo en el que duermo” y así miles.

Como una tonta, me fui enamorando: al punto de tener urgencia por él, ganas de besarlo hasta que se cayesen los labios, abrazarlo y de alguna manera lograr que el tiempo se detuviera en ese abrazo:  donde no existiese su situación, donde solo fuéramos nosotros dos, donde pudiésemos sentir sin ninguna consecuencia.

La realidad, por mala suerte, siempre se impone y todo lo que nosotros pudiésemos sentir, no iba a ser bienvenido en nuestra realidad. Estuvimos abrazados, y lo escuche decir: “me quedaría todo el día así... me quedaría así para siempre”

Pero no tuvimos el siempre, y con todo el dolor del mundo, le tuve que decir que terminábamos. El no quería, yo no quiero, y por dios que no pensé que podía llegar a dolerme tanto. Hasta nuestro último saludo no dejamos de besarnos y de tocarnos, porque sentimos tanto, el uno por el otro, que esto en este momento, me parece una tremenda hija putez.

Esta fue una tarde hermosa, y ahora tiene un sabor tan amargo. Lo llené de besos, le di todas mis caricias, le dije todo lo que sentía y lo dejé ir. Ahora me encuentro escribiendo esto, con la esperanza de que duela menos, pero sabes qué? Duele como la puta madre.

Porque estoy enamorada de él, y porque me quedé con muchísimo amor dentro. Ojalá no me hubiese confiado tanto. Sentí su amor, sentí mi amor, y creí que podíamos formar algo lindo... Perdón, formamos algo lindo; solo que fue imposible mantenerlo.

Siempre tendremos algo que fue nuestro, único, intenso y de mucho sentimiento...  En poco tiempo, el se estará yendo de viaje, Confío que la distancia algo hará con nosotros, no sé que... confío que sera algo que nos convenga.

Aunque dejame decirte nuevamente: que injusto se siente todo esto.

martes, 14 de febrero de 2017

Una Quimera como historia real.

-          - ¿Oliste la almohada?
-         -  Sí, porque sentí el perfume, y fue casi un acto reflejo.
-          - Uffff… Estás perdida.

“pero con conciencia” me dije. O tal vez es eso lo que estoy queriéndome hacer creer. Paso los días poniéndome límites, porque todo lo que vengo viviendo es muy intenso. Sé que si no pongo el límite la ilusión me va a ganar y me voy a decepcionar muy rápido. Tal vez necesite eso, decepcionarme, y dejarme de hinchar las pelotitas con todo este tema. Haga lo que haga me asaltan flashes de cuando estoy con él, y por momentos me siento adolescente de nuevo y pienso que sería encantadora toda esta historia, si no fuera por los detalles que la hacen terrenalmente cruda.

Es tanta la intensidad que se me hace difícil el despegue, y estoy contando con ciertos artilugios del destino, para que me separe el, porque yo no sé si voy a poder… Me acabo de dar cuenta, que cuento con la imposibilidad de dejar. Me cuesta mucho dejar ir, pucha. Miedo a que será, ¿no?

Otro día veré eso, ahora estoy con esto, que me llena mucho las manos, el tiempo, los espacios. Muchas veces estoy trabajando, o haciendo cosas de todos los días, cuando se me viene a la cabeza imágenes recordando nuestros encuentros, entonces es cuando una avalancha de cosquillas me agarran, y tengo que suspirar. También suspiro cuando recuerdo que él me mira a los ojos cuando me besa, cuando agarra mi cara entre sus manos, me mira fijo y se sonríe, que le gusta hacerse el tonto y rozar mi mano de manera “accidental”, o cuando me viene hablar de la nada misma, para poder estar un rato cerca. 

Cuando estamos cerca siento que somos dos imanes luchando para no pegarse el uno con el otro, es ahí, cuando yo estoy por pegar el suspiro, que él me mira y esboza una sonrisa cómplice que me lleva a sonreír también. La verdad es, que desde que todo comenzó, no puedo dejar de sonreír cuando estoy con él.

Lo que me gusta de esto, es que me tomó por sorpresa, porque yo no sabía, ni me imaginaba que él era capaz de generar todo este mundo de cosas en mí. Lo malo, es que es él quien me las genera, entonces debo atar todos los sentimientos bien fuerte, porque si uno se me escapa, soy boleta, y ahí me quiero ver…

No, mejor no.

Quienes saben de esto (llevarlo sola se me hace pesado) son aguas divididas: Algunos me dicen que lo disfrute y hasta festejan que se me haya despertado la parte sentimental de nuevo. Otros me dicen que huya sin mirar atrás, y maldicen que se me haya despertado la parte sentimental. No estoy ni un lado ni del otro, porque no se para dónde disparar. De su lado siento cosas: la forma en que me mira, como me acaricia, como busca generar los encuentros. A veces lo encuentro mirándome y sonriendo, me pregunto que estará pensando, pero no me animo a preguntarle, porque es una caja de pandora que no quiero abrir, aunque les reconozco que me mata la curiosidad. “El día se me hace larguísimo cuando no te veo” me dice. Yo me río y lo cargo, nos reímos, pero por dentro, solo tengo ganas de estamparle un beso porque me mata que me lo diga.

Uf. Releí este párrafo y fue una quimera. Otra vez suspiro, porque se me está haciendo difícil terminar de escribir esto. Escribo sin pensar, siempre, luego releo y edito. Acá me parece que no voy a editar nada porque me cuesta releer lo que estoy escribiendo.

No busqué esto, tampoco lo rechacé. No sé qué será que tengo que vivir, aprender, o escarmentar con esta experiencia. Algo dentro me dice que lo viva; tal vez sea mi estupidez, vaya una a saber. Cuestión: No sé nada de nada, siento mucho de todo. Lo que sí, no tengo miedo, si siento que debo ser muy precavida. También siento, que debo darme estas libertades de expresar lo que me pasa, porque si lo trato de reprimir se vuelve más fuerte, y la verdad es que el nivel de intensidad tan alto, me va hacer mal.

Estoy viviendo un día a la vez. No pienso en mañana, me esfuerzo mucho por no hacerlo. Quiero disfrutarlo y espero tener la sabiduría suficiente de saber cuándo sea el momento de irme.


Espero. 
Cocki.

Gracias por pasar! Te espero nuevamente.